Los medios de masas tienen una gran capacidad para manipular a su público, ¿cómo?: a través de la información.
En la entrega anterior vimos que sin información la comunicación no es posible y que los medios de masas son en muchos casos la principal fuente de información de los individuos, ¿qué implica esto?: que existe una dependencia mediática no sólo para evitar que la comunicación se haga redundante, sino también para conocer “la realidad”.
Los medios de masas son la principal fuente de información para estar al tanto de los contextos lejanos a nuestros círculos primarios de interacción comunicativa, y con esta información complementamos y construimos una “realidad” más compleja, más completa: “global”.
Y es ahí en donde radica la principal cuestión del poder mediático, en el gran poder social que detentan y que es producto de la confianza que el público le otorga a la información que estos emiten. Los medios son consientes de este poder, sin embargo, el público no es consiente del poder que les está otorgando.
A raíz de la responsabilidad que la sociedad le asigna a los medios, que anteriormente vimos que es la de informarlos, los medios adquieren una capacidad que ni los gobiernos tienen: la capacidad de crear escenarios inexistentes sobre contextos lejanos a los individuos y hacerles creer que algo está pasando sin necesidad de que esto sea cierto, el ejemplo paradigmático es el experimento ejecutado por Orson Wells. Esta capacidad de engaño y manipulación se debe, en gran parte, a la incapacidad de los individuos de verificar de otro modo aquello que acontece fuera de sus círculos más inmediatos y a la capacidad de los medios de distribuir su información de forma masiva. Para ser más ilustrativos, imaginemos que el público es un invidente y que su bastón son los medios de masas.
Claro que no todos los medios cuentan con los mismos “grados de credibilidad”, así como no todos los receptores confían de la misma forma en los medios, pero no cabe duda que los medios de masas tienen un fuerte impacto en la opinión pública, y es que si bien no le dicen al público que pensar, si le dicen en torno a que temas, símbolos, objetos o personas debe de hablar. Los medios tienen la capacidad de articular su sistema de ideas públicamente y de convertirlos en la moneda corriente de intercambio cultural, así ellos producen una ideología y la distribuyen, mientras que el público, al adoptarla, se encarga de reproducirla y en hacer que esa ideología se convierta en dominante.
Así llegamos a la conclusión de que el poder de los medios es proporcionalmente igual a la confianza que los individuos le otorgan. También entendemos que los medios ayudan a los individuos, a través de sus informaciones, a concebir y construir “la realidad”. Y además comprendemos los medios “construyen la realidad de forma selectiva”, bajo criterios que no son puramente periodísticos, sino en gran parte son orientados por la conveniencia o inconveniencia para los intereses particulares no sociales, pues los medios tienen intereses no comunicativos.
Todas estas reflexiones de Lhuman, me hacen pensar en la necesidad de implementar en las escuelas programas en torno a los medios de masas, para que los estudiantes sean consientes de la acción de los medios y de esta forma puedan adoptar una visión crítica de lo que consumen. Además hay que señalar la necesidad de una mayor apertura en cuanto a las concesiones en los medios, para consolidar una verdadera democracia y garantizar una mayor pluralidad de puntos de vista al servicio el público.
